Archivo mensual: enero 2017

El precio de cuestionar la inmersión

El debate sobre la lengua en Cataluña resulta kafkiano para cualquiera que no comulgue con el dogma del nacionalismo lingüístico dominante en el debate público catalán. El adjetivo no es gratuito, sino que describe fielmente la sensación que muchos catalanes experimentamos cada vez que tratamos de debatir con honestidad sobre el modelo de inmersión obligatoria que impera en Cataluña. La situación resulta invariablemente absurda y angustiosa, esto es kafkiana, lo cual suele provocar que la mayoría de los discrepantes acaben resignándose y rehuyendo la discusión, por no adentrarse en la ciénaga de falsedades e imposturas que los nacionalistas llevan más de tres décadas espesando para evitar el debate racional. Doy fe de que la experiencia resulta agotadora por la desfachatez con que políticos y tertulianos nacionalistas distorsionan la realidad, pervirtiendo las palabras y atribuyendo indefectiblemente a quienes criticamos la inmersión veleidades anticatalanas. De ahí que entienda la resignación de algunos, aunque no la comparta.

Cualquier observador de la realidad política y mediática catalana sabe que hay temas que, en un momento u otro, aparecen en casi todos los debates. Son temas recurrentes como el de la inmersión lingüística, que los nacionalistas tratan con la comodidad de saber que el debate está neutralizado de antemano. Ello es así no solo por su facilidad para desenfocar a conveniencia sus propios planteamientos, sino sobre todo por la naturalidad con que los nacionalistas desvirtúan los de quienes cuestionamos la inmersión, empeñándose en asegurar que defendemos lo que la mayoría de los críticos nunca hemos defendido: un modelo monolingüe en castellano o la separación de los alumnos por razón de lengua. Demuestran muy poca confianza en la bondad del sistema de inmersión que defienden, cuando necesitan tergiversar sistemáticamente los planteamientos de quienes nos oponemos. Así neutralizan el debate, y lo hacen porque saben positivamente que si éste se abriese ahora en el seno de la sociedad catalana, y se permitiese que cada cual defendiese en igualdad de condiciones sus posiciones sin que nadie las falsee, es muy probable que la mayoría de los catalanes apostásemos por abandonar el monolingüismo actual en pro de un modelo bilingüe o trilingüe.

Hace pocos días, concretamente el martes pasado en la tertulia de Els Matins de TV3, viví uno más de esos episodios kafkianos que llevan a muchos catalanes a desistir de la esperanza de que algún día en Cataluña podamos disfrutar de un sistema educativo respetuoso con el bilingüismo estructural de nuestra sociedad. La composición de la mesa era tan plural como de costumbre: en esta ocasión había un independentista de extrema izquierda (Marc Sallas, de la CUP), un independentista de izquierda (Josep-Lluís Carod-Rovira), una humorista independentista (Empar Moliner) y finalmente, para poder presentar la francachela nacionalista como un debate equilibrado, un servidor.

Carod sacó el tema de la lengua, y la discusión subsiguiente fue un ejemplo paradigmático de la deshonestidad con que los nacionalistas plantean este debate:

1) Los nacionalistas acusando a Ciudadanos, al PP y a cualquiera que se atreva a discutir la inmersión de defender el monolingüismo en castellano y de querer acabar así con la lengua catalana.

2) Los nacionalistas (sí, los mismos que promueven escraches a familias que piden educación bilingüe para sus hijos) negando que la inmersión suponga la exclusión del castellano de la escolaridad pública. (La pregunta es: ¿entonces por qué se ponen histéricos cuando el Tribunal Constitucional dice que el castellano ha de ser también vehicular en las aulas catalanas o cuando el TSJC, ante los reiterados incumplimientos de sus sentencias, fija en un 25% el número de horas de castellano a la semana?).

3) Los nacionalistas acusando al discrepante -en este caso, yo- de mentir sobre la realidad de las escuelas catalanas, e incluso de querer “practicarle la eutanasia” (sic) a la lengua catalana, a pesar de que yo no había hecho ningún juicio de valor, sino que me había limitado a manifestar mi preferencia por un modelo bilingüe.

Y 4) los nacionalistas negándose a responder preguntas tan sencillas como: a) ¿debería el castellano ser lengua vehicular en las escuelas catalanas junto con el catalán? Y b) ¿sois partidarios -Marc, Josep-Lluís, Empar- de un sistema bilingüe?

Como se puede ver en el vídeo adjunto, ninguno de mis tres contertulios se dignó responder a mis preguntas, exactamente las mismas que le hice a la consejera de Educación de la Generalitat, Meritxell Ruiz, el pasado 1 de diciembre en El Debat de la 1, que también escurrió el bulto. Se niegan a responder porque saben que su modelo es injusto, primero porque lesiona el derecho de los niños castellanohablantes a recibir la enseñanza también en su lengua materna, pero no solo, pues el actual sistema perjudica sobremanera a los hijos de familias catalanohablantes que viven en entornos prácticamente monolingües de la Cataluña interior.

La alternativa a la inmersión lingüística no es la segregación por razón de lengua. De hecho, no hay ningún partido con representación en el Parlamento catalán que pida nada semejante. El PP y Ciudadanos proponen un modelo en el que el catalán y el castellano -como lenguas propias de la mayoría de los catalanes- y ahora también el inglés tengan una presencia equilibrada, las tres como lenguas vehiculares. No pretenden ni hacer desparecer el catalán, ni perpetrar un genocidio lingüístico ni ninguna de las maldades que los nacionalistas les acostumbran a atribuir. Por tanto, atáqueseles por lo que pretenden, el trilingüismo en las aulas, pero no por lo que a los nacionalistas les gustaría que pretendieran.

¿Qué necesidad tienen los partidarios de la inmersión de distorsionar la propuesta de Ciudadanos y el PP? ¿Por qué no la critican sin desnaturalizarla? ¿No será porque en el fondo la consideran de lo más razonable? ¿Quizá porque coincide con lo que muchos de ellos ofrecen a sus hijos? ¿Por qué razón habrían de criminalizar una propuesta que coincide con el proyecto educativo de los colegios privados y concertados que muchos de ellos escogen para su prole? Pues bien, en lugar de admitir que les gusta y que comparten la propuesta de Ciudadanos y el PP y que por ello llevan a sus hijos a colegios trilingües, estos defensores de la inmersión de los hijos de los demás deforman la realidad para presentar la generalización de su opción como una amenaza para la supervivencia del catalán.

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Archivado bajo La cuestión catalana, Nacional