Archivo mensual: abril 2014

¿Cataluña debería tener un gobierno normal?

(Artículo publicado en ABC el 17/04/2014)

Artur Mas reconoce que el escenario más probable que baraja es el de transformar las próximas elecciones autonómicas en un plebiscito. La ley electoral no prevé la modalidad de elecciones plebiscitarias, es decir, o bien se celebran elecciones, o bien se hace un referéndum, y un plebiscito no es otra cosa que un referéndum. Intentar celebrar un referéndum encubierto puede incluso constituir un fraude de ley, pero si la legalidad de la fórmula resulta cuando menos dudosa, lo que no admite discusión es que en ningún caso los resultados de esos comicios podrían derivar en consecuencias jurídicas vinculantes para nadie. Así, al margen de que no es lo mismo contar votos que escaños –nuestro sistema electoral proporcional corregido garantiza una representatividad por territorios que en la práctica supone una sobrerrepresentación de las provincias de Girona, Lleida y Tarragona-, una independencia proclamada de resultas de un hipotético triunfo electoral de los partidos independentistas no tendría validez jurídica alguna.

Ahora bien, lo que sí es legítimo es que Mas convoque elecciones anticipadas –y quizá lo mejor sería que lo hiciera cuanto antes- y lo haga con un programa nítidamente independentista y no protegido por el banderín de enganche del derecho a decidir como en las elecciones del 2012. No en vano, como acertadamente señaló Rubalcaba en el debate de la semana pasada en el Congreso, el derecho a la autodeterminación es un derecho concebido para irse y no para quedarse. Deshagamos de una vez este entuerto: CiU no ha ganado nunca unas elecciones con un programa explícitamente independentista, entre otras cosas porque con toda probabilidad ello hubiera significado la ruptura de la federación en la medida en que se supone que Unió no es independentista. Ni siquiera está claro que Convergència sea tan unánimemente independentista como parece. En todo caso, llegados a este punto no es de recibo que el partido que está pilotando un proceso cuya única finalidad plausible es la independencia no se haya presentado nunca a unas elecciones con un programa inequívocamente independentista.

Los promotores del referéndum en Cataluña se empeñan en seguir presentándolo como la quintaesencia de la democracia, en contra de la experimentada opinión del exministro de Asuntos Intergubernamentales de Canadá e inspirador de la célebre Ley de Claridad canadiense, Stéphane Dion, que recuerda siempre que puede que “un referéndum de autodeterminación es un traumatismo social”. De ahí que lo más lógico hubiera sido que, antes de empezar a plantearnos si nos convenía embarcamos en tamaño trastorno, los ciudadanos de Cataluña hubiéramos tenido la oportunidad de conocer de antemano la opinión sin ambages de nuestros partidos políticos en torno a la independencia, no sólo la de CiU sino también la de otros que, como ICV-EUiA, han jugado interesadamente la carta de la ambigüedad.

No vale eso que dice el líder ecosocialista Joan Herrera de que “primero hay que ganar el derecho a decidir” y luego ya se verá cuál es la posición del partido con respecto a la independencia. Si a lo que aspiran es a la independencia de Cataluña, que se presenten a las próximas elecciones con un programa claramente independentista; y si los partidos inequívocamente independentistas obtienen de esta forma una mayoría suficiente para gobernar, entonces sí estarán a mi juicio legitimados para promover dentro del marco legal y constitucional vigente la celebración de un referéndum (consultivo) de secesión.

Precisamente en Quebec, de donde procede Dion, se han celebrado hace unos días unas elecciones de inequívocos tintes plebiscitarios. Eran unas elecciones y no un referéndum, pero la campaña electoral había sido un auténtico plebiscito sobre la oportunidad de convocar un nuevo referéndum sobre la secesión de Quebec como los de 1980 y 1995. Pues bien, bajo el revelador lema “Juntos, nos ocuparemos de los problemas reales”, el Partido Liberal, contrario a la celebración de un nuevo referéndum, obtuvo la mayoría absoluta con 70 escaños de los 125 de que se compone el Parlamento quebequés. Por su parte, los defensores del referéndum, los nacionalistas del Partido Quebequés (PQ), han cosechado sus peores resultados desde la década de 1970 obteniendo menos de la mitad de escaños (30) que el Partido Liberal. Un auténtico descalabro del separatismo, que, según el editorial del 7 de abril del diario The Globe and Mail, uno de los más influyentes de Canadá, podría haber sido todavía peor de haber durado la campaña una semana más, pues la intención de voto a la Coalición para el Futuro de Quebec (CAQ en sus siglas en francés, una formación soberanista, pero no independentista, y contraria también a la celebración de un nuevo referéndum) se disparó en las encuestas de los últimos días y a punto estuvo de igualar al PQ en voto popular en las urnas. Estas elecciones han sido, según The Globe and Mail, “un referéndum sobre si Quebec debería tener un gobierno normal”, es decir, un gobierno que evite el traumatismo social de un referéndum secesionista y que intente hacer lo que hacen los gobiernos normales: gobernar. Y los votantes han respondido con un aplastante “Sí”.

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