Archivo mensual: junio 2013

Internacionalizar el victimismo de siempre

(Artículo publicado en el ABC el 18/06/2013)

Aunque no puede decirse que el Diplocat, la red de diplomacia amateur de la Generalitat, cosechara en su estreno el pasado viernes en París un éxito mucho mayor que el que, pocos días antes, había alcanzado Artur Mas en la propia capital francesa, no conviene despreciar del todo su capacidad de mistificar la realidad y confundir a la opinión pública. Decía Agustí Calvet, Gaziel, que “el separatismo es capaz de provocar por sí sólo una catástrofe episódica”. Pues bien, el Diplocat representa el enésimo capítulo de esa catástrofe episódica de la que hablaba Gaziel, en la medida en que pretende trasladar al mundo la batería de exageraciones, medias verdades y mentiras a secas que el independentismo lleva años predicando intramuros. Hablan sin empacho de internacionalizar el conflicto, dejando entre renglones las nefastas connotaciones que para la comunidad internacional implica un concepto tradicionalmente asociado a conflictos armados como los que enfrentan a Israel y Palestina o al Estado colombiano con las FARC, pero que ni por asomo es aplicable al caso catalán. Hacerlo no sólo constituye una ominosa desproporción, sino que favorece incluso la banalización del propio recurso a la internacionalización de conflictos reales.

Así pues, conviene saber qué es lo que el Diplocat va diciendo por el mundo y no dejar que su enfoque fatalista cale más allá de nuestras fronteras como, por desgracia, ha calado aquí. El mejor ejemplo lo encontramos en el argumentario que el Diplocat envió hace pocas semanas a entidades de todo el mundo con las que colabora, con el objetivo de que lo divulguen a los cuatro vientos. El documento se basa en una serie de ideas inconsistentes cuya refutación resulta de lo más sencilla con sólo examinar por encima la realidad española. Asegura, entre otras cosas, que durante mucho tiempo muchos catalanes se hubieran conformado con ser una región de España con competencias similares a las de los länder alemanes. Pues bien, entonces lo que debería hacer la Generalitat es dejar de azuzar el victimismo y reconocer que las Comunidades Autónomas, incluida Cataluña, ya tienen un techo competencial igual o mayor que el de la mayoría de los estados más descentralizados del mundo, incluido el alemán, y problema resuelto.

Destaca, asimismo, la contradicción de defender la conversión del Senado en una auténtica Cámara de representación territorial al uso de Alemania o los Estados Unidos, es decir, un foro de decisión intrínsecamente multilateral, y al mismo tiempo abogar por la bilateralidad institucional característica del Reino Unido entre el Estado y las regiones. Eso es la cuadratura del círculo. Así y todo, en España también hay bilateralidad institucional entre la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas, verbigracia: la comisión bilateral Generalitat-Estado, si bien el rasgo más característico del sistema político español no es la bilateralidad institucionalizada sino la bilateralidad política, lo que sin duda ha favorecido históricamente los intereses de las regiones que, como Cataluña y el País Vasco, cuentan con partidos nacionalistas fuertes en el Parlamento español, concediéndoles en definitiva una capacidad de incidir decisivamente en el proceso de toma de decisiones de ámbito nacional. No tiene ningún sentido reclamar un modelo como el británico para España, pues allí la autonomía se reduce a Escocia, Gales e Irlanda del Norte, mientras que Inglaterra no tiene autonomía regional, al menos de momento. La bilateralidad no tiene sentido cuando hablamos de competencias transferidas por igual a todas las regiones, porque eso supondría que el Estado central repitiera la misma negociación con cada una de ellas. Para eso sirve el multilateralismo. Sea como sea, resulta paradójico que quienes se empeñan en elevar al absoluto la diferencia aboguen ahora por el multilateralismo. Nunca es tarde.

Por último, es sintomático que el documento del Diplocat haga referencia a la resolución aprobada, a propuesta del PSC, por el Parlamento catalán el pasado 13 de marzo en la que se insta al Gobierno catalán a dialogar con el Gobierno central con vistas a la celebración de una consulta sobre la independencia de Cataluña, pero no diga ni media palabra sobre la celebérrima declaración soberanista del 23 de enero en la que la Cámara catalana definía Cataluña como “sujeto jurídico y político soberano”. No resulta fácil creer que se trate de un descuido contingente, sino que con toda seguridad responde, por un lado, a que el objetivo del Diplocat es normalizar ante la comunidad internacional el proceso soberanista y, por otro, a que no hay ni un solo Estado en el mundo que reconozca a una de sus partes como sujeto de soberanía jurídica y política. Es decir, la declaración soberanista del Parlamento catalán difícilmente encontraría acomodo constitucional en ningún Estado democrático del mundo. De ahí probablemente su omisión en el susodicho documento, que más que internacionalizar un conflicto inexistente lo que hace es internacionalizar el victimismo de siempre.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo La cuestión catalana, Nacional

Por encima de la media española

(Artículo publicado en el ABC el 5 de junio de 2013)

Cada vez que alguien se atreve a cuestionar el modelo catalán de inmersión lingüística los inquilinos de la Generalitat reaccionan de inmediato negando, por un lado, que en Cataluña haya un conflicto social por motivos lingüísticos y afirmando, por otro, que el nivel de castellano de los escolares catalanes está por encima de la media española. Lo primero es cierto, aunque no precisamente de resultas del monolingüismo oficial sino a pesar de él y gracias a la convivencia por lo general amable entre catalanohablantes y castellanohablantes. Lo segundo, en cambio, resulta cuando menos discutible.

La semana pasada el portavoz del Gobierno catalán, Francesc Homs, aseguraba a propósito de la ley Wert que “no hay motivos pedagógicos que justifiquen atentar (sic) contra el sistema de inmersión lingüística”, porque, según él, el Ministerio de Educación dispone de datos que indican que los alumnos catalanes tienen un conocimiento del castellano superior a la media española. Homs fue esta vez menos taxativo que el 8 de septiembre de 2011 cuando, en Los desayunos de TVE, afirmó que al finalizar la enseñanza secundaria obligatoria “el propio Ministerio de Educación  hace unos exámenes sobre el conocimiento del castellano en el conjunto de España (…) y resulta que Cataluña está por encima de la media española, es decir, por encima de Comunidades Autónomas donde sólo se habla castellano”.

El caso es que no existe ningún examen de alcance nacional, es decir, igual para todos los alumnos españoles con independencia de su lugar de residencia, que periódicamente evalúe y permita comparar al finalizar la enseñanza secundaria obligatoria el dominio del castellano que tienen los escolares de cada una de las Comunidades Autónomas. Deshagamos de una vez para siempre este equívoco. Lo que sí hubo en el 2010 fue una prueba de carácter muestral llamada evaluación general de diagnóstico, en la que entre otras cosas se evaluó la competencia en comunicación lingüística de una muestra de 1.500 alumnos de segundo de la ESO –y por tanto no al finalizar la Enseñanza Secundaria Obligatoria, como apuntaba Homs- de 50 centros por cada comunidad. Al igual que el informe PISA, la evaluación general de diagnóstico no evalúa específicamente conocimientos sino competencias, de ahí que concluir a partir de los resultados de una única prueba, cuyo objetivo ni siquiera es evaluar el conocimiento en sentido estricto de la lengua, que los niños catalanes tienen un conocimiento del castellano superior a la media española resulte de todo punto opinable.

Aun siendo así, Cataluña ocupaba un discreto undécimo lugar en la clasificación difundida por el Ministerio en el 2010, que está en la base de la jactancia de Homs. Entonces, Cataluña obtuvo en el apartado de competencia en comunicación lingüística una puntuación de 502 puntos, sólo dos por encima del promedio nacional –es decir, en línea con la media española- y muy por debajo de las comunidades punteras: Navarra, Comunidad de Madrid y Castilla y León. Conviene hacer constar que este último dato contrasta con los resultados de las últimas ediciones del informe PISA, en donde Cataluña casi siempre se ha situado entre las comunidades con mejores resultados. Quizá la diferencia entre una y otra prueba radique en la lengua en que se hacen las pruebas. Recordemos que las pruebas PISA en Cataluña se hacen en catalán.

En todo caso, resulta descorazonador que el objetivo de Cataluña, sin duda una de las comunidades más desarrolladas desde el punto de vista social, económico y cultural, se cifre en que sus educandos superen en el dominio del castellano a algunas Comunidades Autónomas en las que sólo se habla castellano, tres por más señas: Canarias, Extremadura y Andalucía –comunidades que tradicionalmente suelen cosechar los resultados más discretos en las evaluaciones nacionales e internacionales del sistema educativo-, pues el resto de las que están por debajo de Cataluña son Baleares, Comunidad Valenciana, Galicia y Ceuta y Melilla, territorios en los que en mayor o menor medida el castellano coexiste también con otras lenguas cooficiales o no.

Por último, conviene recordar que el castellano no es sólo la lengua materna de más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña, lo que por sí solo justificaría que el castellano fuera también lengua vehicular de la educación juntamente con el catalán, posibilidad que el Gobierno catalán se niega sistemáticamente a aceptar. La excelencia en el dominio del castellano constituye además un recurso inestimable en una economía cada vez más globalizada. De ahí que resulte inexplicable la poquedad de los objetivos de la Generalitat con respecto a su aprendizaje.

2 comentarios

Archivado bajo Nacional