La mentira no nos hará más libres

(Artículo publicado en el ABC el 15 de mayo de 2013)

La política catalana ha perdido definitivamente la poca serenidad y el escaso sosiego que aún conservaba después de la nefasta gestión de los dos tripartitos de izquierdas. Las prisas por romper con el resto de España embargan el juicio de los dirigentes del actual tripartito nacionalista que de facto gobierna Cataluña (CDC, UDC y ERC), que ven en la presente coyuntura económica una oportunidad de oro para alcanzar la independencia a la rebatiña y sin despeinarse.

Es decir, independencia sí, pero arramblando con todo lo bueno de formar parte de España. Para empezar, el superávit comercial con el resto de las comunidades autónomas que, a pesar de la insistencia del presidente de la Generalitat en la pequeñez del mercado español, compensa con creces el déficit de la balanza comercial catalana con el resto del mundo. Por no hablar de la pertenencia a la Unión Europea que, digan lo que digan en público, Mas, Junqueras y compañía saben a ciencia cierta que quedaría fuera del alcance de una Cataluña independiente, al menos a medio plazo. Lo ha dicho en más de una ocasión el presidente de la Comisión Europea, la última el pasado 17 de noviembre. Pero parece que para los nacionalistas catalanes, obstinados en construir un nuevo orden internacional a su medida, la opinión del máximo representante del órgano ejecutivo de la Unión no tiene demasiada importancia. Puede parecer ridículo, pero, quién sabe, teniendo en cuenta su fantasmagórica lógica institucional quizá la opinión de otras instituciones de la UE de menor rango como el Comité de las Regiones, del que por cierto Cataluña forma parte en calidad de región española, les abra los ojos. Pues bien, el pasado mes de abril el Comité de las Regiones emitió un dictamen en el que también dejaba clara su posición al respecto: “En el caso de que una región obtuviese la independencia y quisiera integrarse en la UE, tendría que presentar una candidatura oficial al Consejo y seguir el procedimiento de adhesión del artículo 49 del TUE (Tratado de la Unión Europea) como cualquier otro estado que desease convertirse en Estado miembro de la UE”. Dicho sea de paso que para la incorporación a la UE de un nuevo Estado el artículo 49 del TUE exige, entre otras cosas, la unanimidad de los Estados miembros, es decir, que con toda probabilidad la oposición de España sería el menor de los problemas con que se encontraría el flamante Estado catalán llegado el caso.

Insisto: estoy seguro de que Mas, Junqueras y compañía lo saben positivamente, pero siguen prevaliéndose del desconocimiento general para guiarnos en su temeraria huida hacia delante. Alguien debería decirles que a los catalanes la mentira no nos hará más libres.

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Archivado bajo La cuestión catalana, Nacional, Uncategorized

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