Archivo mensual: mayo 2013

De Lengua y Religión

(Artículo publicado en el ABC el 23 de mayo de 2013)

Los ataques a la llamada ley Wert se recrudecen por momentos. Las críticas constructivas a una ley cuyo objetivo es mejorar la calidad de nuestro maltrecho sistema educativo (crónicamente por debajo de la media de la OCDE, según el informe PISA) son siempre legítimas y aun deseables, pero lo que no es de recibo es criticar la ley desde posiciones apriorísticas, y eso es precisamente lo que se está haciendo, al menos, en dos aspectos importantes del proyecto: la cuestión lingüística y la asignatura de Religión.

En torno a la primera cuestión, el Gobierno catalán se escandaliza ante la previsión de la ley de detraer de las transferencias del Estado a la Generalitat el coste de escolarizar en castellano en centros privados. Cuando lo realmente escandaloso es que la Generalitat se niegue sistemáticamente a cumplir la Ley y las sentencias judiciales y a asumir de buen grado el mandato del Tribunal Constitucional (TC) de implantar en Cataluña un modelo de bilingüismo equilibrado en el que el castellano sea también lengua vehicular de la enseñanza juntamente con el catalán. Lo que pretende la ley con esta medida es presionar a la Generalitat para que haga lo que debería hacer motu proprio: adaptar su modelo educativo a la doctrina del TC. No trata de instituir un derecho a recibir la enseñanza exclusivamente en castellano, sino de compeler a los poderes públicos catalanes a que reconozcan las dos lenguas cooficiales como vehiculares, es decir, no sólo como objeto de enseñanza sino como lenguas docentes.

En cuanto a la reintroducción de la Religión como asignatura evaluable, conviene recordar que la ley Wert se incardina en el modelo de laicidad positiva y abierta que predomina en la mayoría de los países de nuestro entorno, que se caracteriza tanto por la obligación de los poderes públicos de ofrecer la asignatura de Religión como por la exigencia de garantizar la voluntariedad de la elección de los ciudadanos. Entronca así con la Constitución española, que en su artículo 27.3 reconoce “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Por cierto, nuestra Constitución es a tal respecto mucho menos ambiciosa que otras como la suiza, que en su artículo 15.3 reconoce sin ambages “el derecho a seguir una enseñanza religiosa”. En la escuela pública, se entiende.

Es importante aclarar que la ley Wert no privilegia la Religión sino que la equipara con el resto de las asignaturas alternativas también evaluables, lo que sin duda realza la importancia de una asignatura fundamental para la formación humanística de quienes la elijan libremente, pero que mientras siga sin ser objeto de evaluación no dejará de ser considerada a efectos prácticos como una materia de segundo orden.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Nacional

La mentira no nos hará más libres

(Artículo publicado en el ABC el 15 de mayo de 2013)

La política catalana ha perdido definitivamente la poca serenidad y el escaso sosiego que aún conservaba después de la nefasta gestión de los dos tripartitos de izquierdas. Las prisas por romper con el resto de España embargan el juicio de los dirigentes del actual tripartito nacionalista que de facto gobierna Cataluña (CDC, UDC y ERC), que ven en la presente coyuntura económica una oportunidad de oro para alcanzar la independencia a la rebatiña y sin despeinarse.

Es decir, independencia sí, pero arramblando con todo lo bueno de formar parte de España. Para empezar, el superávit comercial con el resto de las comunidades autónomas que, a pesar de la insistencia del presidente de la Generalitat en la pequeñez del mercado español, compensa con creces el déficit de la balanza comercial catalana con el resto del mundo. Por no hablar de la pertenencia a la Unión Europea que, digan lo que digan en público, Mas, Junqueras y compañía saben a ciencia cierta que quedaría fuera del alcance de una Cataluña independiente, al menos a medio plazo. Lo ha dicho en más de una ocasión el presidente de la Comisión Europea, la última el pasado 17 de noviembre. Pero parece que para los nacionalistas catalanes, obstinados en construir un nuevo orden internacional a su medida, la opinión del máximo representante del órgano ejecutivo de la Unión no tiene demasiada importancia. Puede parecer ridículo, pero, quién sabe, teniendo en cuenta su fantasmagórica lógica institucional quizá la opinión de otras instituciones de la UE de menor rango como el Comité de las Regiones, del que por cierto Cataluña forma parte en calidad de región española, les abra los ojos. Pues bien, el pasado mes de abril el Comité de las Regiones emitió un dictamen en el que también dejaba clara su posición al respecto: “En el caso de que una región obtuviese la independencia y quisiera integrarse en la UE, tendría que presentar una candidatura oficial al Consejo y seguir el procedimiento de adhesión del artículo 49 del TUE (Tratado de la Unión Europea) como cualquier otro estado que desease convertirse en Estado miembro de la UE”. Dicho sea de paso que para la incorporación a la UE de un nuevo Estado el artículo 49 del TUE exige, entre otras cosas, la unanimidad de los Estados miembros, es decir, que con toda probabilidad la oposición de España sería el menor de los problemas con que se encontraría el flamante Estado catalán llegado el caso.

Insisto: estoy seguro de que Mas, Junqueras y compañía lo saben positivamente, pero siguen prevaliéndose del desconocimiento general para guiarnos en su temeraria huida hacia delante. Alguien debería decirles que a los catalanes la mentira no nos hará más libres.

Deja un comentario

Archivado bajo La cuestión catalana, Nacional, Uncategorized

El debat ensorrat i la consellera Rigau

Amb motiu de la darrera interlocutòria del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC), del passat 6 de març, sobre el castellà a l’escola pública a Catalunya, el govern de la Generalitat amb la consellera Rigau al capdavant es va afanyar a bastir una inversemblant interpretació sobre la decisió judicial. Una lectura que, per bé que no resistiria cap anàlisi racional, és perfectament compatible amb l’habitual victimisme del nacionalisme lingüístic, segons la qual amb aquesta decisió el TSJC estableix que n’hi ha prou amb que un sol alumne demani ser escolaritzat en castellà perquè s’obligui a la resta del seus companys a doblegar-se a la seva voluntat tot obligant-los a rebre les classes en aquesta llengua. Finalment, la consellera va donar carpetada a l’assumpte declarant, sense immutar-se, que la Generalitat no donarà compliment a una interlocutòria que “només vol trencar la convivència”.

El que passa és que el que diuen el Govern i els seus afectes que diu la interlocutòria no és cert, ni de bon tros, per molt que el discurs hagi calat ràpidament. Sense cap ànim de trencar la convivència ni de traspassar cap línia vermella, m’agradaria aclarir un parell de coses sobre aquesta interlocutòria dictada el 6 de març en què el TSJC no feia res més que donar resposta als recursos presentats per les parts litigants –d’una banda, una ciutadana mare d’un escolar català i, de l’altra, l’advocacia de la Generalitat de Catalunya- enfront d’una interlocutòria anterior del mateix TSJC, dictada el 3 de gener. És cert que, encara que fora de desitjar, no se li pot demanar al comú dels ciutadans que es llegeixin ambdues interlocutòries; però, en canvi, a qui no només se li pot demanar, sinó que li ho hem d’exigir és a tota una consellera d’Ensenyament, com a mínim abans de referir-s’hi. Però no. Resulta molt més senzill desatendre el contingut de la resolució judicial i avivar una vegada més l’espantall de la persecució del català.

Mitjançant la interlocutòria del 3 de gener el TSJC acordava “requerir a la Conselleria d’Ensenyament perquè adopti les mesures precises a fi d’adaptar el sistema d’ensenyança lingüística, en tot allò que afecti al fill de la recurrent, a la nova situació creada per la declaració de la sentència 31/2010 del Tribunal Constitucional (TC), que considera també el castellà com a llengua vehicular de l’ensenyança de Catalunya juntament amb el català”. Però la demandant va interpretar que l’expressió “en tot allò que afecti al fill de la recurrent” suposava estrictament l’atenció individualitzada de l’alumne en aquesta llengua, i per això va presentar l’esmentat recurs en què demanava que s’exigís a la Conselleria d’Ensenyament que “adopti les mesures necessàries perquè el seu fill rebi, juntament amb els seus companys, una ensenyança bilingüe, això és, una ensenyança conjunta en les dues llengües oficials, de forma proporcionada i sense desequilibris entre elles”. No entraré a valorar la procedència dels arguments de la recurrent, que, si més no, a mi em semblen prou assenyats. I segurament no només a mi: estic convençut que la immensa majoria dels catalans –independentment de la seva llengua materna- hi estaria d’acord si no fos perquè d’aquesta mena d’informació només se n’assabenten a través del discurs del nacionalisme lingüístic obstinat en imposar a Catalunya, territori essencialment bilingüe, el seu monolingüisme de curta volada.

L’ensenyança en castellà a Catalunya: un dret i no un privilegi

Sigui com sigui, en la interlocutòria del 6 de març el TSJC aclareix que “el sistema s’ha d’adaptar a tota la classe (o unitat escolar) de la qual forma part l’alumne”, perquè, altrament, només hi hauria dues opcions: la separació del fill de la recurrent en una classe a part, o bé l’atenció individualitzada en castellà, fórmula aquesta última rebutjada per la doctrina del Tribunal Constitucional en la mesura que suposa una discriminació pràcticament idèntica a la segregació dels alumnes per raó de llengua habitual. El TSJC fonamenta la seva decisió en la sentència 31/2010 del TC (la rebregada sentència de l’Estatut), que considera “perfectament legítim que el català, atès l’objectiu de la normalització lingüística a Catalunya, sigui el centre de gravetat d’aquest model de bilingüisme”, encara que matisa que això no ha de significar en cap cas “l’exclusió del castellà com a llengua docent”. “Essent així que ambdues llengües han de ser no només objecte d’ensenyament, sinó també mitjà de comunicació en el conjunt del procés educatiu, és constitucionalment obligat que les dues llengües cooficials siguin reconegudes pels poders públics competents com a vehiculars”. De la doctrina del TC, doncs, es desprèn un dret, i no un privilegi condicionat a una sol·licitud prèvia dels pares, a rebre l’ensenyança en la llengua habitual en el marc d’un model bilingüe en què es perfectament legítim que el català sigui el centre de gravetat amb el benentès que el castellà –reduït en el nostre actual model a dues hores de classe a la setmana- tingui una presència a les aules més consistent amb el seu ús social. Aquest és, pel que fa a la llengua, l’autèntic esperit de la blasmada sentència del TC sobre l’Estatut. A mi no em sembla que això suposi cap atac a la llengua catalana ni a la convivència a Catalunya, però, és clar, m’imagino que deu ser perquè jo defenso el bilingüisme i la presència del castellà a l’escola catalana… Qui sap? Lògic, en qualsevol cas.

El que es diu i el que es fa

Ara bé, el que potser ja no resulta tan lògic, atès el discurs oficial del Govern i de la resta dels partits defensors de l’statu quo lingüístic, és que la pròpia advocacia de la Generalitat basés el seu recurs contra la interlocutòria del TSJC del 3 de gener en la doctrina del TC en general i, el que és més important, en la sentència de l’alt tribunal sobre l’Estatut en particular. Després de tot el que vam haver de sentir sobre la sentència, de la qual es va arribar a dir que posava en perill el nostre model de convivència i que pràcticament condemnava la llengua catalana a la desaparició, ara resulta que aquella sentència serveix com a base per a la defensa de la Generalitat. Llavors, en què quedem? És evident que per fonamentar qualsevol posició en seu judicial hom s’ha de valer d’arguments legals i jurisprudencials. No obstant això, resulta si més no paradoxal el fet que l’advocacia de la Generalitat precisament basi la seva defensa sobretot en la fins ara nefanda sentència de l’Estatut, que en darrera instància avala la constitucionalitat d’un model de conjunció lingüística amb una certa preeminència del català a l’escola pública catalana, sempre –convé recordar-ho- que això no suposi l’exclusió del castellà com a llengua docent, que és el que malauradament succeeix a Catalunya. Això demostra que el Govern no té cap inconvenient a atiar en l’esfera pública un discurs demagògic i ben diferent del que conforme a la lògica pot defensar, prevalent-se una vegada més del desconeixement general per a aprofundir el sentiment de greuge en què es basa la seva força. Desfem d’una vegada la confusió: l’únic problema lingüístic que hi ha a Catalunya és que els nacionalistes es neguen a reconèixer el castellà com a llengua pròpia de Catalunya, ni més ni menys. No n’hi ha d’altre! Mentrestant, els nacionalistes continuen anul·lant el debat argumentant, de seguida que algú posa en dubte el model lingüístic a l’escola pública, que a Catalunya no hi ha cap conflicte social per la llengua. I és clar que no n’hi ha de conflicte social, però no precisament gràcies a les seves polítiques sinó a pesar d’aquestes.

Deja un comentario

Archivado bajo La cuestión catalana, Nacional