Conocer el pasado a tiempo

No cabe duda de que la historia es importante, pero conviene estudiarla a fondo y no utilizarla al buen tuntún y a discreción como arma arrojadiza, pues las consecuencias de ello pueden ser devastadoras. Pues bien, la irresponsabilidad con que políticos y, en general, opinantes nacionalistas recurren a la historia para justificar sus anhelos rupturistas resulta de todo punto inaceptable. De continuo hablan de 1714, es decir, de la Guerra de Sucesión Española como de una guerra entre Cataluña y España –en su delirio llegan incluso a confundir sucesión con secesión- y no como lo que fue en realidad: un conflicto sucesorio de alcance internacional en el que dos de las principales dinastías europeas, los Borbones y los Habsburgo, se disputaron a la muerte de Carlos II el trono de una España ya venida a menos, pero todavía en posesión de un vasto imperio colonial. Además de su dimensión internacional, la conflagración tuvo también su vertiente civil o interna, pero en contra de lo que pretende el nacionalismo catalán no fue una guerra entre Cataluña y España, sino un conflicto mucho más complejo en el que los partidarios de las dos dinastías enfrentadas se repartían por toda la geografía española.

Viene esto a cuento de un intercambio de opiniones que mantuve el pasado miércoles 2 de enero en La Rambla (BTV) con el historiador y periodista Enric Vila, que insistía en traer constantemente a colación la Guerra de Sucesión, como si ésta fuera el origen de todos los males que afectan a Cataluña. Otra de los tertulianos, la diputada de Ciutadans en el parlamento de Cataluña Carina Mejías, de convicciones firmes aunque de suyo integradora, manifestaba una vez acabado el programa su perplejidad ante la insistencia de Vila con la monserga de 1714. Mejías defendía, con razón, la necesidad de pasar página y hablar de lo que de verdad importa, es decir, de los problemas que preocupan a los ciudadanos: el paro, el fracaso escolar, la cohesión social, etc. Personalmente, estoy de acuerdo en que de poco sirve apelar a la historia cuando de lo que realmente se trata es de solucionar los acuciantes problemas de la gente, pero no es menos cierto que la historia no es sólo el relato de nuestra singladura colectiva, sino que a menudo es también un mecanismo de control social de primer orden. Ya lo decía Orwell: “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”.

Poco les importa a los nacionalistas que el historiador catalán por excelencia en el siglo XX, Jaume Vicens Vives, explique en su Notícia de Catalunya que entonces el objetivo de las clases dirigentes catalanas no era otro que “adquirir, a través de la victoria del Archiduque (Carlos de Austria), un lugar preeminente en la política española”. Es más, Vicens Vives constata que “la voluntad (de los catalanes) de intervenir en las cosas de España se inaugura en  tono mayor durante la Guerra de Sucesión”. Por otra parte, Vicens Vives sostiene que los Decretos de Nueva Planta coincidieron con el despertar de la economía catalana y la transformación de la agricultura, en la medida en que “hicieron del campesinado un elemento social exclusivamente productivo, no necesariamente ligado a las vicisitudes históricas colectivas”. Vicens Vives, que siempre fue muy crítico con la interpretación romántica de buena parte de la historiografía catalana ochocentista, empeñada en idealizar la época de la monarquía Habsburgo en España, reivindica los efectos beneficiosos que sobre la economía catalana tuvo la nueva planta financiera del Principado que se fue desarrollando a todo lo largo del siglo XVIII y que culminó con el decreto que establecía la libertad de comercio con América para el conjunto de los territorios de la monarquía hispánica, acabando así con el secular monopolio de los puertos de Sevilla y Cádiz. “Territorialmente, hubo regiones más beneficiadas que otras por esta medida. En España, por ejemplo, Cataluña resultó extraordinariamente favorecida”, concluye Vicens Vives.

Así y todo, poco les importa a los nacionalistas la inconsistencia desde el punto de vista histórico del argumento de los trescientos años de sometimiento forzado al Estado español, que entre otros defiende con tanta ligereza el presidente Mas y que –conviene recordarlo- se encuentra en la base de la pretensión del recién constituido gobierno de la Generalitat de celebrar un referéndum de independencia en septiembre de 2014. Poco les importa que este argumento no resista ningún tipo de análisis riguroso mientras sirva a la causa de la confrontación en la medida en que fomenta en la sociedad catalana la idea de que Cataluña lleva demasiado tiempo sin regir su propio destino, sin ejercer en definitiva su derecho a la autodeterminación, como si los catalanes no hubieran participado de forma decisiva en la elaboración y posterior aprobación de la Constitución española de 1978, por no hablar de la importante participación catalana en todas y cada una de las épocas y regímenes anteriores. Quizá no recuerdan o no quieren recordar que de los siete ponentes de nuestra carta magna, los llamados padres de la Constitución, dos eran catalanes, Miquel Roca Junyent i el desaparecido Jordi Solé Tura, ni que ambos tuvieron un papel tan decisivo como el que más en la redacción del texto constitucional. Uno y otro, por cierto, representaban dos sensibilidades políticas bien diferentes entre sí: Roca, nacionalista moderado y partidario de la intervención de los catalanes en los asuntos del Estado, hasta el punto de que llegó a liderar el Partido Reformista Democrático, que en 1986 concurrió a las elecciones generales de 1986 aunque con escaso éxito. Por su parte, Solé Tura, uno de los grandes líderes de la izquierda catalana de la transición democrática, primero en el PSUC y luego en el PSC-PSOE, defensor tenaz del federalismo y por tanto de la concordia entre los pueblos de España y muy crítico con el nacionalismo exclusivista que ahora parece imponerse en Cataluña.

Es decir, la España de hoy, como la de ayer, es obra y responsabilidad de todos, y por supuesto también de los catalanes, de ahí que resulte tan deshonesta la pretensión de que a Cataluña no le queda otra salida que la independencia debido a la proverbial perversidad del Estado español para con los catalanes. Es cierto que nunca antes el prestigio de nuestro proyecto sugestivo de vida en común, por decirlo en palabras de Ortega, había estado tan por los suelos. Y en este estado de opinión los catalanes muy probablemente deberemos afrontar un referéndum sobre la independencia de Cataluña, ya sea en el otoño de 2014 o cuando al partido de gobierno, CiU, y a su socio parlamentario, ERC, les parezca oportuno, es decir, en el momento que consideren más propicio a sus intereses, por supuesto independientemente de lo que digan la Constitución y nuestro Estado de Derecho.

Mientras no controlemos nuestro pasado, es decir, mientras lo desconozcamos y dejemos que el nacionalismo dominante lo desdibuje a su antojo, difícilmente controlaremos nuestro futuro; y para conocer nuestro pasado debemos necesariamente recuperar nuestro presente, que en Cataluña está ahora en manos del discurso nacionalista dominante. Antes de que sea demasiado tarde.

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4 comentarios

Archivado bajo Historia, La cuestión catalana, Nacional

4 Respuestas a “Conocer el pasado a tiempo

  1. Cuicho

    Un célebre historiador (E.H.Carr) solía decir que: “antes de ponerse a estudiar Historia, había que estudiar al historiador”. La máxima sigue vigente en la actualidad. Hay que separar el grano de la paja a la hora de elaborar “Historia”. Se supone que el historiador está comprometido con “la verdad”, debe respetarla per se. Los problemas vienen cuando se pretende bastardearla. ¡Buena crítica!

  2. Emilio

    Estimado Nacho,
    Debate que se extiende ad-eternum por el interés nacionalista. Coincido plenamente en la necesidad de girar página y afrontar los verdaderos problemas que preocupan a la población. Del pasado no se vive.
    Un abrazo y feliz año.

  3. Carina

    Magnifico post, Nacho.
    No podemos olvidar la historia pero no tenemos que vivir permanentemente del recuerdo, si además pretenden tergiversarlo hasta la náusea.
    Me encantó conocerte. A ver si hay suerte y volvemos a coincidir en la batalla dialéctica que no sabes la alegría que me da encontrar aliados tan valiosos como tú.
    Saludos y feliz año.!!

    • Gracias, Carina. Tienes razón en cuanto a que no podemos vivir con la mente puesta en el pasado, pues ello nos sume en la inacción y nos impide progresar. Eso sí, en la medida de lo posible hay que tratar de combatir los artículos de fe que el nacionalismo exclusivista que domina el espacio público en Cataluña ha inoculado en nuestra sociedad, prevaliéndose de su posición hegemónica en los centros de poder autonómicos y locales, así como en los medios de comunicación; pero también, por qué no decirlo, aprovechándose a menudo de la actitud condescendiente e incluso vergonzante de muchos de quienes nos oponemos a su proyecto exclusivista. Y todo ello con el objetivo de ir separando sentimentalmente a los catalanes del resto de los españoles y minando el prestigio de nuestro proyecto colectivo, para así poder aprovechar cualquier momento de debilidad de ese proyecto de hondas raíces históricas y sentimentales para finiquitarlo.

      Igualmente, fue un placer conocerte y defender contigo la causa de una Cataluña inclusiva y, en definitiva, consistente con su pasado, su presente y su futuro.

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