Manuel Fraga, in memóriam

La noticia del día es sin duda la muerte ayer de Manuel Fraga. Pues bien, espero equivocarme, pero supongo que no tardaré en oír en la calle, en el trabajo, en el autobús o en el supermercado palabras de satisfacción, quiero pensar que no tanto por la muerte del hombre como por la desaparición del que para algunos no era más que el último reducto del franquismo, el político que para algunos parece que sólo vivió hasta la muerte del dictador, pues todo lo que hizo después -su participación en la elaboración de la Constitución, sus desvelos por aglutinar el centroderecha español en un partido conservador en la línea de sus admirados tories británicos, y por supuesto su labor al frente de la Xunta de Galicia- no tiene ninguna importancia a ojos de sus detractores. Paradójicamente, son ellos -sus detractores- quienes a mi juicio constituyen el último vestigio del franquismo: el antifranquismo sociológico.

¿Que Fraga es uno de los padres de la Constitución? ¡Bah, naderías…! Los mismos que han convertido -con todo el merecimiento, sin duda- a otros como Solé Tura, Roca o Peces Barba en indiscutibles padres de la patria, figuras fundamentales en la construcción de la España democrática, le niegan a Fraga el pan y la sal. Sí, sí, pero fue ministro de Franco, repiten como autómatas. De nada sirve que fuera considerado un díscolo o, peor aún, un reformista por sus propios correligionarios. El antifranquismo sociológico quiere convertir a Fraga en un siniestro personaje plano de la historia de España, en un antihéroe anodino, previsible y sin matices, en el mejor de los casos; la antítesis de Carrillo, el personaje redondo por definición, capaz de evolucionar desde el comunismo dogmático y totalitario al eurocomunismo progresista y abierto al siglo XXI. Esa doble vara de medir es fiel trasunto de lo que Ferdinand Mount, en su día asesor de Margaret Thatcher, llamó “asimetría de la tolerancia”, tendencia asaz extendida en la Europa occidental consistente básicamente en aplaudir a la izquierda por lo mismo por lo que se censura a la derecha.

No, Fraga no es en absoluto un personaje plano de nuestra historia, sino un político polifacético de convicciones graníticas, radical -en el sentido etimológico del término- y acostumbrado a navegar contra corriente. Su personalidad, su ideología y sus decisiones son por supuesto discutibles. ¡No faltaba más! Lo que no es negociable es su condición de hombre de Estado, de padre de la patria y, sobre todo, su derecho a descansar en paz como uno de los políticos españoles más importantes de la transición democrática.

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1 comentario

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Una respuesta a “Manuel Fraga, in memóriam

  1. C.M.

    Totalmente de acuerdo, y además longevo!!!

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